martes, 24 de mayo de 2011

Mi confrotación con la docencia

Tomar la decisión de ser profesora desde hace más de diez años  me ha merecido todo mi respeto, tiempo, preparación, crecimiento comunicativo,  social, emocional, político, de liderazgo, creativo, creo que muy completa en todos los sentidos; en mi retorno al trabajo del aula y como licenciada en educación primaria me di cuenta que la verdadera escuela estaba fuera de las cuatro paredes de la normal y que  la orientación  de los libros no habían alcanzado a plasmar lo que en todo este tiempo me habría tocado vivir.

Hasta ese momento  como profesionista recién egresada lo más difícil  que me había tocado apreciar  eran los sinodales de la titulación, con gran decepción mi trabajo no  era el reflejo de lo que  hizo decidirme por ella, eso era bastante decepcionante porque ésta vez me sentía más segura por el título que antecedía a mi nombre, pero insegura al iniciar el trabajo del aula, me daba miedo escuchar a mis alumnos nombrarme maestra, me hacían sentir un respeto inmerecido que estaba intentando consolidar.

Como docente me sentía en la obligación de enfrentar los retos que mi trabajo me involucraba y esto incluía la manera despectiva en que me veían mis compañeros de más años de experiencia, el autoritarismo de la directora del plantel al juzgarme como “inexperta” y por lo tanto incapaz de hacer algo bien, por lo que me colocaba en una posición vulnerable para “aprender”, eso sin contar con las preguntas de mis alumnos que me situaban en una posición incómoda por no tener las respuestas inmediatas y me obligaba a  sacar una respuesta de la manga pues no les iba a dar el gusto de evidenciar mi ignorancia.

 Aunado a ello otra de las situaciones a las que me enfrenté fue a alumnos  poco participativos,  apáticos a aprender, que hacían poco por crecer como seres humanos y eso me frustraba,  lo cierto era que tenía claro que esto era lo que me gustaba y que establecer la diferencia me comprometía a mantener mi responsabilidad y ser como “la piedra del zapato”, sabía que no debía dejar  de insistir.  Estaba convencida  que si cada uno de nosotros  cumplimos con lo que tenemos que hacer en éste sentido  revaloraríamos  nuestra profesión aunque esto implicara  enfrentarme al monstruo de la evaluación  externa donde a cada paso que daba me hacían darme cuenta qué me faltó hacer.

Entre las satisfacciones que me he permitido disfrutar  se encuentran: mi ingreso a carrera magisterial y haber apoyado a otros compañeros a conseguirlo,  llevar a concursar a nivel estatal un alumno de sexto grado  de una escuela multigrado, gestionar recursos para las escuelas, promover  a través de conferencias con especialistas ambientes  colaborativos, de solidaridad, informativos, tecnológicos,   de valores, organizar eventos artísticos masivos en   algunas localidades entre otros.

Superar mis miedos no ha sido nada fácil, corregir mis errores y dejar lo positivo de cada experiencia me ha permitido vivir mi realidad y dejar  a un lado las apariencias; es decir, me siento segura de lo que espero de cada grupo escolar, lo que puedo hacer o debo evitar, de compartir lo que pienso, de modificar los ambientes áulicos, de practicar nuevas maneras de  dirigir las actividades comunes. El tiempo ha sido mi mejor aliado así como la constancia y el utilizar mis debilidades para proponerme el reto de superarlos.

Sin embargo, desde el punto de vista profesional  no todo ha sido fácil pues me he tenido que enfrentar a una carencia de significado al trabajar con competencias básicas con mis alumnos  y que inexplicablemente no trascienden del aula, no impactan , estas autoevaluaciones me hacen darme cuenta que me faltó hacer algo, que me perdí en algún momento y a veces me sitúa donde me dejé contagiar por el desinterés  y la apatía de mi gente.   En cuanto a la enseñanza puedo decir que es como la moneda con sus dos caras: el de la responsabilidad y las satisfacciones, donde el valor  que aprecio más  a veces es  relativo aunque es indudable que rescato esos pequeños pasitos que dan mis alumnos.

En este sentido hay  un dicho muy popular  que dice que nadie experimenta en cabeza ajena, el recorrido que sigamos en nuestro trabajo solo dependerá de nuestro valor al enfrentarnos a mejorar nuestras debilidades,  necesitamos estar  en un ambiente  que nos de apertura a expresarnos con libertad,  sin reprimendas,  reservas o burlas  y no es que haya palabras mágicas, más bien son los reforzamientos positivos que empleamos como:  un aplauso, una palmada en la espalda, un abrazo, una felicitación oral o escrita, un te quiero, etc.

Además de las satisfacciones y dificultades que pude mencionar anteriormente puedo decir que he tenido insatisfacciones entre las que resaltan:  el poco impacto en cuanto a la falta  de apoyo del padre de familia por su situación laboral, el desinterés  al compromiso de la educación, la ignorancia en que viven,  la apatía por hacer el intento de mejorar, la falta de valores, etc., esto sin contar que en algunas localidades utilizan a la escuela  como un  medio para adquirir un ingreso federal o municipal como lo es progresa y otros apoyos y  por ende la falta de interés en los alumnos que se hace evidente como resultado.

Y no sólo eso también  debo reconocer mi ignorancia en aspectos metodológicos, el uso de las tecnologías de información y comunicación, mi conocimiento austero del plan de estudios, mi falta de constancia en la planeación,  a veces el tener claro lo que quiero hacer pero no saber cómo hacerlo o simplemente enfrentarme a la ideología de los padres de familia y el perder de vista que mi trabajo consiste en estar al servicio del aprendizaje de mis alumnos.

No ha sido nada fácil esta autoevaluación y quizás dejé de lado muchas cosas pero los invito asesora, compañeros a ser participes en  ésta  mi confrontación con la docencia.





3 comentarios:

norma laura dijo...

Hola compañera Norma Lidia.
Saludos afectuosos.
Considero que tu trabajo ha sido arduo pues has empezado muy joven tu labor docente, se nota que te has preocupado por prepararte y ser mejor cada día en la labor que realizas.
Es grato encontrarse a gente comprometida con lo que hace y tú eres una de esas personas.
Al leer tus comentarios inyectas energía y aliento al trabajo que se realiza cotidianamente; porque reflejas tenacidad, empeño, preocupación por ser mejor cada instante de la vida.
Al realizar las lecturas de José. M. Esteve y leyendo tu aventura de ser maestro, se nota que no importando el contexto en el que se desenvuelva la persona como docente es una labor de gran reto donde se reflejan las fortalezas y las debilidades y los compromisos adquiridos al realizar la labor magisterial.
Es muy grato realizar comentarios sobre tu trabajo.
Saludos, nos vemos el sábado.

Anónimo dijo...

Hola compañera Norma Lidia, soy Luz

Me da mucho gusto poder leer tu bitacora y de la manera que te fuiste desenvolviendo, no cabe duda que personas comprometidas como son muy pocas te felicito.
Respecto con lo que comenta de la inexperiencia yo creo que a todos nos pasa cuando llegamos a trabajar en una escuela ahy se encuentran maestros más grande y con una experiencia enorme y uno llega verde en algunos aspectos, pero hay que aprender de ellos.

Anónimo dijo...

Hola Norma Lidia. Soy Sonia
Me parece acertado el cometario de Norma Laura, al leer tu trabajo se observa tu empeño y dedicación y eso habla bien de ti, recuerda que en el magisterio siempre habrà cosas positivas y otras un tanto negativas, pero lo importante es que estes convencida de lo que eres y lo que quieres ser, eso te ayudará a no dejarte influenciar por las personas que no tienen una identidad propia ni porfesional.
Bien por tu trabajo y adelante.